Fuente: elEconomista

La mejoría del mercado laboral durante los últimos años no ha corregido el gran diferencial de España con el resto de las grandes economías europeas: el desempleo. El 23% de los parados de la zona euro son españoles, pese a que apenas aporta el 13% de los ocupados. Unos datos que contradicen la idea de que el crecimiento de nuestro país está «tirando» del empleo en Europa y plantean que el problema es más bien el opuesto.

El año 2025 será recordado como el ejercicio en el que España ha logrado dos hitos: dejar de ser el país con la mayor tasa de paro de la UE, al ser superado por Finlandia, y reducirla por debajo del umbral del 10%. En paralelo, la creación de puestos de trabajo ha sido especialmente intensa si la comparamos con economías consideradas el «motor» de Europa, como Alemania y Francia.

Sin embargo, en el contexto europeo España aporta un 13,5% de los ocupados de la zona euro, según los datos de Eurostat, por debajo de Alemania (25,4%), Francia (17,8%) o Italia (14,7%). Algo en apariencia lógico, porque todos estos países tienen más población que el nuestro.

Sin embargo, al repetir este ejercicio con los datos de desempleo, la situación se invierte: España es el país con más parados de la zona euro: aportan un 23% del total, seguido muy de cerca por Francia (22,7%) y, a más distancia, por Alemania (15,4%) e Italia (14%). Todos ellos tienen también una tasa de paro muy inferior a la española, pero la comparativa histórica ilustra hasta qué punto nuestro mercado laboral ha supuesto un quebradero de cabeza para la economía del euro.

Mientras la ocupación se comporta de una manera relativamente estable y proporcional al tamaño de la población, no se puede decir lo mismo del paro. Si analizamos los datos mensuales de Eurostat se aprecia cómo en el año 2000, cuando España ultimaba su entrada en la moneda única, aportaba menos desempleados a la zona euro que Alemania, Francia o Italia.

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