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Fuente: elEconomista

Dieciocho años después de la quiebra de Lehman Brothers, considerada el pistoletazo de salida de la Gran Recesión, los jóvenes españoles aún arrastran una profunda cicatriz que les sigue alejando del mercado laboral: su tasa de actividad se mantiene estancada en niveles inferiores al 40%, 15 puntos porcentuales por debajo de los máximos previos a la crisis. Un dato que muchos valoran como consecuencia del descenso del abandono educativo temprano, pero que, según un reciente análisis publicado por el BCE, refleja un problema mucho más grave que ha recortado el volumen de mano de obra disponible, lastrado los salarios y amenaza el crecimiento de la economía.

Es innegable que la crisis financiera se cebó en los jóvenes tras los años del boom’ económico propiciado por la entrada de España en el euro. Pero no solo porque su desempleo se disparara: esto también ocurrió en el resto de grupos de edad. Lo que fue una característica única de los menores de 25 fue el desplome de la tasa de actividad. Es decir, un ritmo de abandono del mercado laboral que no tuvo parangón en ningún otro colectivo.

Aunque España ya arrastraba problemas en el sector inmobiliario (en 2007 ya se hablaba del «pinchazo de la burbuja inmobiliaria«), estos no se habían traducido aún a los jóvenes. Pero en septiembre de 2008 todo cambió y lo hizo con una virulencia inusitada.

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