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Fuente: elEconomista

Los bonos están que arden y la prima de riesgo de Francia frente a España acaba de alcanzar un nivel que habría resultado difícil de imaginar durante la crisis del euro. El bono francés a diez años ha llegado esta semana al 4,253%, su nivel más alto desde 2008, frente al 3,834% del español, abriendo una brecha de 42 puntos básicos, máximo de toda la serie histórica disponible. Ya no es España la que paga una prima frente a Francia por financiarse, sino que es París quien tiene que ofrecer casi medio punto porcentual adicional. El país ‘rico’ paga más que sus vecinos más humildes. No solo España, también Portugal, Italia y Grecia (los llamados en su día PIGS por sus siglas, cerdos en inglés) se están financiando ya ‘más barato’ a 10 años. Y el problema trasciende a Francia. Si la tensión continúa hasta poner en peligro la transmisión de la política monetaria o la estabilidad financiera de la zona euro, el Banco Central Europeo (BCE) dispone de instrumentos para intervenir en el mercado de deuda. Pero hay una diferencia fundamental respecto a las crisis anteriores, más que fundamental es la diferencia más importante para un banco central, la que marca cuándo se puede intervenir y cuándo no. La inflación de la zona euro está hoy en el 3,3%, muy por encima del objetivo del 2% del BCE, lo que convierte un eventual ‘rescate’ mediante compras de bonos en una operación monetariamente mucho más incómoda y políticamente mucho más difícil de defender ante Alemania y los países tradicionalmente más ‘frugales’.

Detrás del castigo existe un problema fundamentalmente fiscal. Francia cerró 2025 con un déficit público del 5,1% del PIB y una deuda próxima al 116%, mientras el FMI calcula que la ratio seguirá alrededor del 118% en 2026 y advierte de que el elevado endeudamiento, el escaso crecimiento y las crecientes presiones de gasto obligan a continuar con la consolidación fiscal. El problema es que la fragmentación política francesa dificulta aprobar ajustes presupuestarios de suficiente profundidad. Se forma así el conocido círculo vicioso de las crisis de deuda. Cuanto mayor es la desconfianza, mayor rentabilidad exige el mercado; cuanto más elevados son los tipos, más aumenta gradualmente la factura por intereses conforme vence y se refinancia la deuda; y cuanto mayor es esa factura, más difícil resulta estabilizar el déficit y la propia ratio de deuda.

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